PRESENTACIÓN DE AQUEL VIERNES DE JULIO EN UTRERA POR JOHN J. REEL

Una de las experiencias más interesantes durante este año de vida de Aquel viernes de julio es haber conocido a nuevas personas a las que admirar. Una de ellas ha sido John Julius Reel, el autor de “La Sevilla del guiri” que se publicó durante varios años en Diario de Sevilla,. Desde que nos conocimos no hemos dejado pasar una semana sin vernos, iniciando una amistad que esperamos perdure siempre. En estos encuentros he podido vislumbrar a una persona muy interesante, culta, profunda, que tiene un gran escritor dentro y que nos lo va a demostrar.

John me hizo el honor de presentar Aquel viernes de julio en Utrera. Aquí está lo que dijo. Ya me dirán si no le debo agradecimiento a sus palabras. Gracias, John.

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Utrera, 13 de noviembre de 2013

Casa de la Cultura

Cada novela cuenta una historia, pero también se puede contar una historia sobre una novela.  Os voy a contar una historia real sobre esta novela, Aquel viernes de julio, de Manuel Machuca, que tengo el gran placer, esta noche, de presentar.

El agosto pasado estuve en Estados Unidos con mi familia.  Mi esposa sevillana, mis dos hijos pequeños y yo siempre viajamos muy ligeros a mi terruño, sabiendo que vamos a volver con el doble de las cosas con las que hemos ido.  Llevé el libro de Manuel conmigo, pues tenía ganas de leerlo desde hacía tiempo.  Quizás fuera miedo lo que me había impedido leerlo durante tanto tiempo – miedo a que no me gustara.  Me caía bien Manuel, y quería que su libro me cayera bien también, pero sabía que la posibilidad de eso era pequeña.   Es extremadamente difícil escribir una buena novela.  ¿Cómo podía ser que una persona tan ocupada en su farmacia y en su vida profesional como farmacéutico, dando clases y conferencias, con una reputación internacional, consiga – en su tiempo libre – lo que muchos autores escribiendo con plena dedicación no son capaces de hacer, al menos no con autoridad?  Estaba seguro de que, aunque me gustara la novela, no me iba a gustar tanto como para querer traerla de nuevo a Sevilla.   El espacio que ocupaba el libro en la ida lo ocuparía otra cosa en la vuelta.

Permitidme describiros dónde mi familia y yo nos quedamos cuando visitamos a mi país.  Es un pueblo pequeño llamado North Sutton.   Está cerca de Canadá, en el estado de Nueva Hampshire.    Más que rural, es silvestre.  Imaginad dos casas, la de mi hermano y la de mi madre, una apartada de la otra, ambas casi escondidas en cinco hectáreas de bosque.  Un riachuelo corre entre ellas.  Osos, alces y coyotes vagan libremente por la noche, y a veces durante el día.  Durante el invierno, la nieve cubre el suelo tres meses seguidos, pero en el verano el clima es caluroso, húmedo y exuberantemente verde.  Hay frutas del bosque por todas partes, ranas y tortugas y una infinidad de insectos de todos los tamaños.  Rebosa de vida tropical.  Dista mucho del calor seco y del jaleo de Sevilla.  A esta parte del mundo llevé la novela de Manuel, para dejarla allí para siempre.

Una noche húmeda, con los insectos repiqueteando contra la tela metálica de las ventanas abiertas, por fin la abrí, y después de un par de páginas, me transportó, me hizo cruzar de nuevo al Atlántico, de vuelta a la ciudad que estos días llamo mi casa, Sevilla. Pero a una Sevilla distinta, a Sevilla durante la Guerra Civil.  Una buena parte del libro tiene lugar en lo que es más o menos mi barrio, Amate, Nervión, Ciudad Jardín.  Ahora, por el libro, sé que en aquellos tiempos, aquella zona, salvo quizás Ciudad Jardín, la constituían principalmente grandes mansiones, huertas y campo abierto.  De repente, gracias a la novela de Manuel, viví aquella versión más antigua y revoltosa de Sevilla, y de mi barrio, con todos los sentidos. Conociendo además sevillanos, es decir, conociendo a sus personajes.  También me llevó al centro de la ciudad, y a la frescura de patios interiores, y a cárceles improvisados. Me hizo presenciara ejecuciones, querer mirar hacia otro lado.  Me costó creer que en la Sevilla que yo conocía y que reconocía en la novela, pudiera haber pasado por eso. Pero al final su libro me lo hizo creer totalmente.  Aún más importante,  me hizo ver cómo algunos sevillanos podían sobrevivir y otros no, y el por qué.

No voy a intentar meteros en el ambiente y argumento del libro; Manuel hace esto siempre con autoridad y elegancia.  Baste decir que, gracias a la intensidad, las imágenes y la destreza del libro, yo podía, durante mis vacaciones, vivir simultáneamente en dos mundos, dos mundos radicalmente diferentes: North Sutton, New Hampshire durante el verano de 2013; y Sevilla durante la Guerra Civil. Y aunque vivía uno en la vida real y en el tiempo real,  y el otro sólo lo vivía en la imaginación, no puedo decir que el primero acabara siendo más vívido.  Eso es un logro enorme para un novelista.   Manuel no sólo no me decepcionó,  sino que me impresionó. Tanto, que aquí está la novela. La traje de nuevo a Sevilla.  Había cientos de libros, grandes libros, libros en mi lengua madre, que podría haber traído en su lugar, pero quería este.   Ha ganado un puesto permanente en mi biblioteca personal.  Os apuesto a que también gana uno igual en la vuestra también.

 

ESCRIBIR SE ESCAPA DE LAS MANOS

RELATORASEl viernes 7 de junio participé en una presentación de mi novela Aquel viernes de julio en la librería sevillana Relatoras. Relatoras es una interesantísima apuesta por la creación literaria realizada por mujeres. Situada en la calle Relator, entre la Plaza del Pumarejo y la Alameda, está en el corazón de la Sevilla cultural que apuesta por otra Sevilla, tan diferente de la que malvive asfixiada por sus tópicos, cual muerta en vida. Los barrios de la zona norte de Sevilla demuestran que hay una cultura viva en la ciudad, rompedora y abierta al mundo, como fue en su día esa otra moribunda y ensimismada, melancólica de un pasado que ya es solo eso, y que cuando fue, era todo lo contrario a lo que hoy representa.

El escenario en el que se ubica la librería es muy especial para mí, ya que por la esquina de la calle huía Rosario, perseguida por Borja Quincoces desde el Mercado de la calle Feria, en una de las escenas de la novela, y porque muy cerca, en el Palacio de los Marqueses de la Algaba, tuvo su presentación multitudinaria, ante unas trescientas personas, el día 16 de noviembre.

La presentación se enfocó en torno a los personajes femeninos de la novela. Introdujo Raquel Campuzano, a la que considero mi editora y con la que continuó trabajando con la próxima novela. Raquel me presentó de forma extraordinaria en Huelva unos meses atrás y quizás hasta se superase en Relatoras. Qué más puedo decir. Se nota que quiere a la novela, la siente suya también y es capaz de desbrozarla, descuartizarla y volverla a recomponer, darle la vuelta…En fin, todo número circense que se nos pudiera ocurrir sería capaz ella de realizarlo sin dificultad.

El debate sobre la novela resultó de lo más interesante. Analizamos la personalidad de Chari, de doña Amalia, de Mercedes y Lolita, de Josefina, de la pequeña Aurora. Discutimos sobre la cuestión de género y la social que conforman la esencia de la novela. Se resaltó la libertad de Chari al ser lo que era y su coherencia con la vida que le había tocado vivir. Se habló de los orígenes de la prostitución en la desigualdad social, a la que probablemente se vio abocada Chari, pero también la causada por la desigualdad de género, en la que estaban inmersas las mujeres de alta sociedad representadas por doña Amalia Alvear, y las niñas Villarrasa.

Estuvimos de acuerdo en que solo el doctor Inchausti ama de verdad, con amor entregado y sin un interés oculto. Las desigualdades social y de género también caían sobre él, causadas por esa homosexualidad imposible de vivir de manera libre en aquel entonces, y por el hecho de que solo sus estudios de medicina podían conferirle el papel de instrumento útil al servicio de la aristocracia sevillana.

Las aportaciones de las lectoras que allí concurrieron fueron de lo más interesante, y me hizo ver varias cosas que debo reseñar. Quizás diga lo mismo en todos los apartados, pero necesito contarlo de diversas formas:

a)      Una novela deja de ser del escritor en el momento en el que se publica: lo tenía claro antes y lo defiendo más ahora. Los matices, interpretaciones, en definitiva, la riqueza que adquiere una obra con el análisis particular de cada cual que se acerca a ella sería imposible de conseguir de otra forma y es una fuente de aprendizaje imprescindible para el escritor.

b)      Escribir se escapa de las manos. Escribir no solo es teclear, contar una historia bien argumentada de una forma creíble y coherente. Escribir tiene consecuencias que van mucho más allá de la historia contada. Se aprende mucho más de los personajes dibujados por uno mismo después de la publicación de la novela. Hasta el punto de que la opinión del autor es una más, y no necesariamente la más autorizada, para hacer un análisis de ellos. ¿Habrá algo más maravilloso que esto?

c)      No se puede escribir para uno mismo: o al menos, es un tremendo error, porque una novela se escribe para lectores, porque la compran y hacen ganar un dinerillo a toda la cadena implicada, pero sobre todo porque es una fuente de riqueza infinita. Por eso entiendo que ha sido un gran acierto caracterizar a los personajes a través de los diálogos, enseñar cómo son a través de lo que dicen, para que así una novela se convierta en muchas, en tantas como lectores puede tener.

d)      Y finalmente, una novela no es un artículo que se pueda comprar al peso. Con una prosa y una trama sencillas se puede construir una historia muy compleja, porque uno de los aspectos esenciales de dicha complejidad es la que aportan unos personajes imperfectos, capaces de lo mejor y lo peor y por ello tremendamente humanos. No hay complejidad sin personajes complejos; lo demás es un embrollo.

 Estoy feliz y creo que se me nota. Cuando terminé la novela me di cuenta de que esto no era un huevo que se echara a freír. Siete meses después, casi me da risa esa reflexión. Porque esto tiene tela, marinera.

LO QUE DIJE O TRATÉ DE DECIR. AL MENOS, LO QUE PENSÉ DECIR

 

 

Dejo aquí mis palabras el día de la presentación en Sevilla, el 16 de noviembre de 2012, en el Palacio de los Marqueses de la Algaba. Más de 300 amigos estabais allí. Un día inolvidable

Quisiera empezar mi intervención por agradecer vuestra presencia aquí.

Hay muchas personas a quienes también tengo que darles las gracias y quiero empezar mi intervención recordando a quienes lo han hecho posible.

En primer lugar, quiero acordarme de Lourdes y de Eduardo, las personas que, sin pretenderlo, me dieron la idea que para crear esta novela.

En segundo lugar, y no por ello menos importantes, ¡ni mucho menos! A quienes me han acompañado en los quince meses de gestación de la criaturita, a pesar de que haya nacido ligera de peso. A otro Eduardo, a Raquel, a Juande, a Valeria.  Puede que haya quien, cuando llega el momento de publicar le da cierto apuro admitir que viene de talleres literarios. Para mí, en absoluto.  Aprendí muchísimo con Eduardo Jordá, a quien hoy echo de menos que no pueda acompañarnos; con Raquel Campuzano, profesora de literatura creativa en Taller de Palabras, a quien tantos consejos tengo que agradecer; con Juan de Dios Luna y Valeria Lorenzo, qué decir de mis compañeros, quienes sin duda tienen una parte importantísima en esta novela. Poder trabajar juntos ha sido un lujo impagable para mí.  Puedo decir que esta Aquel viernes de julio no sería lo que es sin sus aportaciones. Es más, estoy comenzando mi segunda novela y no he dudado en continuar con los mismos compañeros de viaje, y mejor acompañado, si cabe, con Irene, Ana e Isaac.

Y en tercer lugar, también ha sido una suerte poder contar con la confianza de la editorial Anantes para publicar el libro. Creo que Ruth, Ismael, y Manuel  han hecho un trabajo excepcional. Ha sido el primer hijo- novela para todos. Como padres y madres primerizos, nos hemos portado con mucha ilusión, y hemos mimado a la niña con trabajo, entusiasmo y ganas de hacer las cosas bien. La preciosa portada es buen ejemplo de lo que digo, con el azulejo que decoraba el antiguo Bar El Sport de la calle Tetuán.

La novela comenzó a gestarse a primeros de diciembre de 2010, cuando coincidieron en la farmacia, Lourdes y Eduardo, las personas a quienes he dedicado la novela. Se acababan de ver después de mucho tiempo y la conversación distendida de la que fui testigo, contando sus anécdotas de los años de la II República y la Guerra Civil, fue la causante de este lío en el que ahora estamos todos celebrando. Me hablaron de Villa Rocío y de las juergas flamencas que señoritos de Sevilla se corrían en los discretos chalets de Nervión, por aquel entonces en las afueras de la ciudad. En ese momento visualicé la historia que quería contar. Escribí un pequeño relato y Eduardo Jordá me dijo que la historia merecía una novela. Un relato que no funcionaba, como opinaba Raquel Campuzano, podía ser una novela.

A partir de ahí, organicé varias meriendas en la consulta de la farmacia con personas de más de 80 años, para que me contasen historias de su niñez. La memoria histórica de esos niños de la guerra nutrió mi imaginación. Una memoria que se está perdiendo por razones cronológicas y que para desgracia de los que nos quedamos, será muy difícil recuperar. Cuántas risas, añoranzas, amargura en aquellas meriendas, y cuánta tristeza y resignación también. Cuánta dignidad en la pobreza en estas personas humildes, que tuvieron que adaptarse a la vida tal y como les venía, y que no dudaron en tirar adelante, como han estado acostumbrados siempre quienes nunca tuvieron. Sus historias me emocionaron. Algunos trazos de estas historias en la novela. Y muchas de ellas serían una novela por sí mismas.

Luego, con mi complejo de investigador farmacéutico, y a pesar de que es una novela totalmente de ficción, traté de documentarme exhaustivamente. Para poder contar la verdad de lo que pasó. Como si hubiera una única verdad. Recuerdo de niño a mi abuelo, González, el telegrafista, que siempre hablaba de su verdad, como se decía en los pueblos.

Mantuve conversaciones con historiadores de la época, como Juan Ortiz Villalba, que tiene un magnífico libro sobre la Guerra Civil en Sevilla que hay que volver a editar. Lectura de novelas, ensayos y textos diferentes de autores como el recientemente recuperado Manuel Chaves Nogales, de Nicolás Salas, publicaciones de la Universidad de Sevilla… La magnífica hemeroteca de ABC de Sevilla en Internet. Películas de la época, o de la temática. Wikipedias, páginas webs especializadas, etc

Admito que me pasé y tuve que dar marcha atrás. Porque así como un investigador debe ser exhaustivo y demostrar que todo lo que dice es cierto, narrar es seleccionar.

Le puse FIN a la novela en la ciudad colombiana de Medellín, casualmente un 14 de abril, aniversario de la República española.

Aquel viernes de julio es una novela que trata de un tema universal. Un suceso brusco en la vida puede remover nuestros cimientos y seguridades, y hacernos caer en la cuenta de no saber quién realmente somos. Conocer a una mujer en medio del estallido de una Guerra Civil, desata ese sentimiento en Borja Quincoces, y la búsqueda de Rosario en medio de una ciudad levantada en armas, constituye en realidad la búsqueda de su propia identidad.

Creo que una novela es del escritor hasta que sale a la venta. A partir de ahí existen muchas novelas, las que a cada cual le surgen con su lectura. En el rincón de los lectores de la página web de la novela, www.aquelviernesdejulio.es , incluso en correo electrónicos personales, he podido observar sentimientos de lo más variados que han brotado con su lectura. Ha sido cuando me he dado cuenta de ya la novela había dejado de pertenecerme, y que pasaba a compartirla con todos y cada uno de los lectores, que llegaron a ella cargados con una mochila, similar a la que yo también cargo, la que ha seleccionado nuestra experiencia vital. Y como dijo Jean Paul Sartre, cada uno elegimos nuestro propio pasado.

¿Qué decir de “Aquel viernes de julio”? Yo destacaría la humanidad de sus personajes. Creo que no es una novela de buenos y malos. Y no es que haya pretendido, en un escenario tan espinoso como el de la Guerra Civil, pretender una equidistancia, una forma de, como escritor, colocarme por encima del bien y del mal. En absoluto. Creo que los personajes de esta novela son humanos,  en sus virtudes y en sus contradicciones, capaces de tener sentimientos nobles y de sacar lo peor de nuestra especie.

A veces, me da la sensación de que denostamos a quienes piensan de forma diferente a nosotros, como manera de legitimar nuestra posición. Creo que es un error. Todos encerramos múltiples contradicciones. Sorprende y parece inexplicable que alguien sea capaz de matar a un ser humano a sangre fría, en nombre de no sé cuál idea, y a la vez pueda amar y entregarse a otras personas. Qué difícil se hace comprender. Para tratar de verlo de alguna forma positiva, me quedo con lo que decía Nelson Mandela, cuando no cejaba en la tarea de ganarse a quienes le mantenían encarcelado y le torturaban: “Todos los seres humanos, incluso los que parecen tener la sangre más fría, tienen un punto de decencia. Si se les llega al corazón, son capaces de cambiar”. Quizás en una sociedad como la nuestra, tengamos que luchar por dirigirnos al corazón de las personas, por más que muchas veces se nos remuevan las entrañas con muchas cosas que están ocurriendo. Quizás sea esa la tarea de la sociedad, sentar las bases que hagan posible que cada cual pueda sacar lo mejor de sí mismo para la comunidad. Siguiendo la filosofía Ubuntu de la tribu de Mandela: solo podemos ser humanos en sentido pleno, a través de la humanidad de los otros.

Siento humanas la falta de decisión del doctor Inchausti y su afecto hacia Borja Quincoces; el egoísmo de este y su perseverancia por encontrarse a sí mismo, cueste lo que cueste; el desprecio por la vida humana de los que no piensan como ellos de Luis Tellería o Lalo Falcón y su generosidad hacia los suyos; la lealtad de Baldomero y su servilismo; el pragmatismo de don Ignacio y su incapacidad de franquear las barreras sociales que le atenazan. El miedo a la libertad del que hablaba Erich Fromm.

Y Rosario. Quizás la verdadera protagonista de la novela, aunque eso tendríamos que discutirlo. El alfa y el omega de la historia, a pesar de que su presencia física, como el Kurtz de la fantástica novela de Joseph Conrad “El corazón de las tinieblas”, esté casi únicamente en el pensamiento del resto de los personajes.

Termino ya. Espero que leáis la novela los que aún no lo habéis hecho y me  contéis lo que os ha parecido, en el Rincón de los lectores que tenemos en la página web de la novela, www.aquelviernesdejulio.es Me gustaría conocer vuestra novela y seguir aprendiendo de vuestras aportaciones. Os animo a que sigáis la página de Facebook Aquel viernes de julio, y a los tuiteros a seguir a @viernesjulio.

Nada más por ahora. Creo que es vuestro turno en este momento, si tenéis alguna curiosidad, alguna pregunta que contestar. Prometo responder, siempre y cuando no me preguntéis por el final.

Muchas gracias por estar aquí.

EL DÍA QUE NACÍ YO

La canción que Chari cantó sobre el pecho de Borja Quincoces la noche de aquel viernes de julio, tras el que nada fue igual. Ni para ellos, ni para el resto de españoles. Qué planeta reinaría aquel viernes de julio. Pero Borja tenía la certeza de que ni la mismísima Imperio Argentina la hubiera cantado mejor.

 

El día que nací yo, que planeta reinaría.

Por donde quiera que voy 

qué mala estrella, me guía.

Estrella de plata, la que más reluce,

por qué me llevas, por este calvario

llenito, de cruces. 

Tú vas a caballo, por el firmamento,

yo cieguecita sobre las tinieblas, a pasito lento.

El barco de vela

de tu poderío

me, trajo a este puerto

donde se me ahogan los cinco sentidos.

El día que nací yo, qué planeta reinaría.

Por donde quiera que voy,

qué mala estrella me guía.

Estrella de nácar,

déjame ser buena.

Di que me ponga en este barrote

mi reloj, de arena.

Yo haré lo que mandes,

rey de los luceros, y cuando él diga

que lo lleven preso,

le diré, te quiero.

El día que nací yo que planeta reinaría.

http://www.youtube.com/watch?v=ga_dAY6h6Bs


AQUEL VIERNES DE JULIO SE PRESENTARÁ EN ARGENTINA

La novela “Aquel viernes de julio” se presentará en Buenos Aires el próximo 20 de noviembre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco.

Primo de Rivera era el líder de Falange Española, movimiento político de carácter fascista, fundamental en el golpe de estado contra la República española que se inició en las colonias en Marruecos el viernes 17 de julio de 1936. Fue detenido, y ejecutado en Alicante, el 20 de noviembre de 1936.

Franco participó en el levantamiento de las tropas militares en África, y con posterioridad  se erigió en dictador hasta su muerte, el 20 de noviembre de 1975.

En Rosario, ciudad muy presente a lo largo de la novela, la presentación se realizará al día siguiente, el 21 de noviembre.

En Buenos Aires, la presentación se hará el 20 de Noviembre a las 19hs en  la UTPBA. la entidad que nuclea a los periodistas de Buenos Aires, organización que además está nucleada en la FELAP (Federación Latinoamericana de prensa).

Esto queda en la Avenida de Mayo 1209, 4 H, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Está situada entre el Congreso de la Nación y la Casa Rosada (Casa de Gobierno).

Además, es muy interesante contar con el dato, que en esa cuadra, precisamente, en esa esquina famosa por sus bares y su construcción españolísima, se reunían y también se enfrentaban, republicanos y fascistas. AHA. ¿Qué cómo es eso???  Marcela Beatriz Sosa, organizadora del evento y miembro esencial de Motor de Ideas, www.motorideas.com.ar ,  revista argentina en la que el autor ha publicado relatos breves, pasa a contarles:

Cuando estalla la Guerra Civil, Buenos Aires teniendo a tantos hijos de la madre patria viviendo en nuestro suelo, no podía permanecer indiferente ante un acontecimiento de tal magnitud. Y menos aún en la hispanísima Avenida de Mayo, lugar en el cual el comerciante don Lázaro de la Merced –hacia los ´70, presidente del Centro Republicano Español- recordaba que: “al salir del trabajo, a eso de las siete y media de la tarde”… Los republicanos se reunían en el Café “Iberia”, aunque aclara que casi todos los cafés estaban copados por los republicanos; los franquistas en el de la vereda de enfrente, el “Español” (Avenida de Mayo al 1200, esquina Salta). “Primero 14 marchábamos a leer la pizarra de los diarios. Nosotros, los republicanos, corríamos a ‘Crítica’ y ‘La Razón’. Los otros hacían lo mismo con algunos periódicos proclives a Franco. Nos enterábamos de los últimos telegramas y, conforme fuesen estos, favorables a republicanos o rebeldes, previa recalada en el café de cada uno, se armaba la ‘trifulca’”. Nos relata Jorge Bossio en su libro “Los cafés de Buenos Aires”: “Al llegar malas noticias para los republicanos, los franquistas se mostraron contritos ante la infausta novedad, pero al ser sorprendidos por un ¡Viva la Montaña! Emitido por uno de los presentes, se originó la más descomunal de las grescas con el vuelo de sillas, mesas y botellas entre los habitué de ambos cafés”. Continúa recordando don Lázaro: “Las primeras veces la policía llevó a varios a la comisaría. Pero cuando se generalizó, se popularizó este asunto, la policía se limitaba a separar a ambos grupos, les recomendaba a los partícipes que marcharan a casa y, si había algún herido, lo curaba”.

En Rosario, el evento se realizará en el Arte Bar Bienvenida Casandra, en Sarmiento 1490. El acto estará presentado por la poeta sevillana afincada en Argentina, Rocío Muñoz. Durante el acto, se leerán poemas de poetas sevillanos de la época, en el exilio, como Antonio Machado, Luis Cernuda o Vicente Aleixandre. Se proyectarán fotos de la ciudad de Sevilla y los lugares esenciales por donde discurre la novela.

La ciudad de Rosario es la única ciudad protagonista de la novela junto a Sevilla. En ella vive Ramiro Inchausti, hermano del doctor Gergorio Inchausti. Ramiro es un profesor español de la escuela normal en Rosario. Asqueado por la situación política que vive España, decide autoexiliarse en Argentina, años antes de que estalle la Guerra Civil en su país de origen.

El autor quiere dar las gracias a los amigos en Argentina que están colaborando de manera entusiasta en la celebración de estos eventos: Rocío Muñoz, Mechy Salamano, Marcela Beatriz Sosa, Fabián Alfredo Pardon y Eduardo Lagomarsino, así como a la asociación de periodistas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, UTPBA y a los amigos del Arte Bar Casandra en Rosario.

UN DÍA DE EMOCIONES

El miércoles 3 de octubre fue un día muy especial. Es cierto que llegó el libro al que tanto cariño le he dedicado en el último año y medio de mi vida, pero no solo fue por eso. En nuestra consulta del Polígono Sur, en la que acabamos de comenzar la octava temporada ─ ríase usted Dr House de nuestro éxito ─, acudió Javier, al que hace unos meses su mujer le abandonó. Sin juzgar situación alguna, ni quitar o dar razón a nadie, el relato de sus sentimientos nos emocionó a Elisa, Ana y a mí, los que trabajamos juntos desde hace unos años. La hipertensión y la diabetes de Javier, que ya le está deteriorando bastante aun siendo todavía joven, estaban disparatadas. Y es que hay pocas pastillas para cambiar emociones o sentimientos, digan lo que digan los psiquiatras. Javier es un tipo grandioso, con un corazón enorme, a pesar de su escasa formación. Uno de esos prodigios que necesitamos como referentes, pero que vive en las Tres mil, y nadie tomará en cuenta.

Cuando terminábamos, recibo una llamada de Ruth, mi editora con Ismael en Anantes. Previamente Ismael me había enviado unas fotos de las cajas recién abiertas. El niño libro, ¿o es la niña novela? había nacido. Me propusieron hacernos unas fotos juntos en la antigua Carretera de Carmona, en el Cortijo Gota de leche, o Hernán Cebolla, delante del monumento a Blas Infante. Un lugar especial siempre, y más por tener un papel relevante en la novela.

Y allá que nos fuimos. Atardecía. El sol caía por detrás del cortijo. El color rosado del cielo daba a las paredes encaladas de la casa un aspecto casi mágico. A pesar de la autopista que corre cercana, solo se sentía silencio. Un silencio que solo rompían los árboles y setos mecidos por la brisa. ¿O era la emoción la que anulaba cualquier ruido? ¿Será que igual que vemos lo que queremos ver, oímos lo que queremos oír? Silencio de respeto a los que allí vieron sus vidas truncadas, mártires de la historia y referentes esenciales para los tiempos que se avecinan.

Las fotos. Un punto y seguido maravilloso de esta aventura. Un momento especial en un lugar de reverencia. Ahora toca que guste y que sea un éxito para todos. Por la ilusión que hemos puesto todos no va a quedar.

Luego me fui a buscar a Eugenia y a Curro, para ir a casa de Concha y Antonio Luis a charlar sobre la presentación de la novela. Disfrutamos de una velada espléndida. Pero en el camino, mi recuerdo era para Javier. Un tipo que merece la pena.

GONZÁLEZ EL TELEGRAFISTA, ERA MI ABUELO

Gabriel González Pérez era el padre de mi madre. Conoció a mi abuela Matilde siendo policía, en la Exposición Iberoamericana de 1929. Mi abuela trabajaba en el Pabellón Vasco, que hoy día se conoce como tal, y es parte del complejo hospitalario Virgen del Rocío.

En julio de 1936 trabajaba como telegrafista en una comisaría de policía que había en la calle Monsalves. Recuerdo que me contaba, cuando era niño, que estuvo telegrafiando a sus superiores en Madrid lo que pasaba en Sevilla, hasta que se lo pudieron impedir. En ese momento no pasó nada, pero días más tarde sí que pasó. Muchos detenidos se hacinaban en la comisaría, sin comida ni bebida. Aquello indignaba a mi abuelo, pero no podía hacer nada. De repente, una detenida comenzó a  sentirse mal y mi abuelo la pasó a su cuarto de baño particular, que estaba junto a la sala desde donde telegrafiaba. Aquello fue su perdición, porque quienes sospechaban de él lo acusaron de connivencia con el enemigo. Lo detuvieron y se lo llevaron.

Contaba que le condenaron a muerte, pero que sus amistades lo salvaron de morir en una de las tapias agujereadas que había en Sevilla por aquel entonces. No sé si realmente aquello fue así, pero de lo que no se libró fue de ser expulsado de la policía.

Pasaron hambre. En las madres junto a sus hijos esperando algo de comida, junto al Convento de Santa Isabel, está la imagen de mi madre y mi abuela, que hicieron esa cola muchos días.

Años después, le ofrecieron reingresar en un destierro, en Lérida o las canarias. Como Lérida estaba completamente destruida, aceptó irse a Canarias, donde vivieron unos años antes de poder regresar a Sevilla.

Siempre renegó de Franco. Cuando pasaba en el tranvía junto a la cruz homenaje a los caídos por la patria que había en las murallas del Alcázar, era el único de los pasajeros que se negaba a hacer el saludo fascista.

Republicano siempre, poco antes de morir se hizo monárquico, o mejor dicho, Juan carlista, por lo del golpe de estado del 23-F. Murió poco después, cuando se cayó corriendo detrás de un autobús que le iba a llevar a casa de mi madre a almorzar. Las complicaciones posteriores se llevaron a González, el telegrafista.