LO QUE DIJE O TRATÉ DE DECIR. AL MENOS, LO QUE PENSÉ DECIR

 

 

Dejo aquí mis palabras el día de la presentación en Sevilla, el 16 de noviembre de 2012, en el Palacio de los Marqueses de la Algaba. Más de 300 amigos estabais allí. Un día inolvidable

Quisiera empezar mi intervención por agradecer vuestra presencia aquí.

Hay muchas personas a quienes también tengo que darles las gracias y quiero empezar mi intervención recordando a quienes lo han hecho posible.

En primer lugar, quiero acordarme de Lourdes y de Eduardo, las personas que, sin pretenderlo, me dieron la idea que para crear esta novela.

En segundo lugar, y no por ello menos importantes, ¡ni mucho menos! A quienes me han acompañado en los quince meses de gestación de la criaturita, a pesar de que haya nacido ligera de peso. A otro Eduardo, a Raquel, a Juande, a Valeria.  Puede que haya quien, cuando llega el momento de publicar le da cierto apuro admitir que viene de talleres literarios. Para mí, en absoluto.  Aprendí muchísimo con Eduardo Jordá, a quien hoy echo de menos que no pueda acompañarnos; con Raquel Campuzano, profesora de literatura creativa en Taller de Palabras, a quien tantos consejos tengo que agradecer; con Juan de Dios Luna y Valeria Lorenzo, qué decir de mis compañeros, quienes sin duda tienen una parte importantísima en esta novela. Poder trabajar juntos ha sido un lujo impagable para mí.  Puedo decir que esta Aquel viernes de julio no sería lo que es sin sus aportaciones. Es más, estoy comenzando mi segunda novela y no he dudado en continuar con los mismos compañeros de viaje, y mejor acompañado, si cabe, con Irene, Ana e Isaac.

Y en tercer lugar, también ha sido una suerte poder contar con la confianza de la editorial Anantes para publicar el libro. Creo que Ruth, Ismael, y Manuel  han hecho un trabajo excepcional. Ha sido el primer hijo- novela para todos. Como padres y madres primerizos, nos hemos portado con mucha ilusión, y hemos mimado a la niña con trabajo, entusiasmo y ganas de hacer las cosas bien. La preciosa portada es buen ejemplo de lo que digo, con el azulejo que decoraba el antiguo Bar El Sport de la calle Tetuán.

La novela comenzó a gestarse a primeros de diciembre de 2010, cuando coincidieron en la farmacia, Lourdes y Eduardo, las personas a quienes he dedicado la novela. Se acababan de ver después de mucho tiempo y la conversación distendida de la que fui testigo, contando sus anécdotas de los años de la II República y la Guerra Civil, fue la causante de este lío en el que ahora estamos todos celebrando. Me hablaron de Villa Rocío y de las juergas flamencas que señoritos de Sevilla se corrían en los discretos chalets de Nervión, por aquel entonces en las afueras de la ciudad. En ese momento visualicé la historia que quería contar. Escribí un pequeño relato y Eduardo Jordá me dijo que la historia merecía una novela. Un relato que no funcionaba, como opinaba Raquel Campuzano, podía ser una novela.

A partir de ahí, organicé varias meriendas en la consulta de la farmacia con personas de más de 80 años, para que me contasen historias de su niñez. La memoria histórica de esos niños de la guerra nutrió mi imaginación. Una memoria que se está perdiendo por razones cronológicas y que para desgracia de los que nos quedamos, será muy difícil recuperar. Cuántas risas, añoranzas, amargura en aquellas meriendas, y cuánta tristeza y resignación también. Cuánta dignidad en la pobreza en estas personas humildes, que tuvieron que adaptarse a la vida tal y como les venía, y que no dudaron en tirar adelante, como han estado acostumbrados siempre quienes nunca tuvieron. Sus historias me emocionaron. Algunos trazos de estas historias en la novela. Y muchas de ellas serían una novela por sí mismas.

Luego, con mi complejo de investigador farmacéutico, y a pesar de que es una novela totalmente de ficción, traté de documentarme exhaustivamente. Para poder contar la verdad de lo que pasó. Como si hubiera una única verdad. Recuerdo de niño a mi abuelo, González, el telegrafista, que siempre hablaba de su verdad, como se decía en los pueblos.

Mantuve conversaciones con historiadores de la época, como Juan Ortiz Villalba, que tiene un magnífico libro sobre la Guerra Civil en Sevilla que hay que volver a editar. Lectura de novelas, ensayos y textos diferentes de autores como el recientemente recuperado Manuel Chaves Nogales, de Nicolás Salas, publicaciones de la Universidad de Sevilla… La magnífica hemeroteca de ABC de Sevilla en Internet. Películas de la época, o de la temática. Wikipedias, páginas webs especializadas, etc

Admito que me pasé y tuve que dar marcha atrás. Porque así como un investigador debe ser exhaustivo y demostrar que todo lo que dice es cierto, narrar es seleccionar.

Le puse FIN a la novela en la ciudad colombiana de Medellín, casualmente un 14 de abril, aniversario de la República española.

Aquel viernes de julio es una novela que trata de un tema universal. Un suceso brusco en la vida puede remover nuestros cimientos y seguridades, y hacernos caer en la cuenta de no saber quién realmente somos. Conocer a una mujer en medio del estallido de una Guerra Civil, desata ese sentimiento en Borja Quincoces, y la búsqueda de Rosario en medio de una ciudad levantada en armas, constituye en realidad la búsqueda de su propia identidad.

Creo que una novela es del escritor hasta que sale a la venta. A partir de ahí existen muchas novelas, las que a cada cual le surgen con su lectura. En el rincón de los lectores de la página web de la novela, www.aquelviernesdejulio.es , incluso en correo electrónicos personales, he podido observar sentimientos de lo más variados que han brotado con su lectura. Ha sido cuando me he dado cuenta de ya la novela había dejado de pertenecerme, y que pasaba a compartirla con todos y cada uno de los lectores, que llegaron a ella cargados con una mochila, similar a la que yo también cargo, la que ha seleccionado nuestra experiencia vital. Y como dijo Jean Paul Sartre, cada uno elegimos nuestro propio pasado.

¿Qué decir de “Aquel viernes de julio”? Yo destacaría la humanidad de sus personajes. Creo que no es una novela de buenos y malos. Y no es que haya pretendido, en un escenario tan espinoso como el de la Guerra Civil, pretender una equidistancia, una forma de, como escritor, colocarme por encima del bien y del mal. En absoluto. Creo que los personajes de esta novela son humanos,  en sus virtudes y en sus contradicciones, capaces de tener sentimientos nobles y de sacar lo peor de nuestra especie.

A veces, me da la sensación de que denostamos a quienes piensan de forma diferente a nosotros, como manera de legitimar nuestra posición. Creo que es un error. Todos encerramos múltiples contradicciones. Sorprende y parece inexplicable que alguien sea capaz de matar a un ser humano a sangre fría, en nombre de no sé cuál idea, y a la vez pueda amar y entregarse a otras personas. Qué difícil se hace comprender. Para tratar de verlo de alguna forma positiva, me quedo con lo que decía Nelson Mandela, cuando no cejaba en la tarea de ganarse a quienes le mantenían encarcelado y le torturaban: “Todos los seres humanos, incluso los que parecen tener la sangre más fría, tienen un punto de decencia. Si se les llega al corazón, son capaces de cambiar”. Quizás en una sociedad como la nuestra, tengamos que luchar por dirigirnos al corazón de las personas, por más que muchas veces se nos remuevan las entrañas con muchas cosas que están ocurriendo. Quizás sea esa la tarea de la sociedad, sentar las bases que hagan posible que cada cual pueda sacar lo mejor de sí mismo para la comunidad. Siguiendo la filosofía Ubuntu de la tribu de Mandela: solo podemos ser humanos en sentido pleno, a través de la humanidad de los otros.

Siento humanas la falta de decisión del doctor Inchausti y su afecto hacia Borja Quincoces; el egoísmo de este y su perseverancia por encontrarse a sí mismo, cueste lo que cueste; el desprecio por la vida humana de los que no piensan como ellos de Luis Tellería o Lalo Falcón y su generosidad hacia los suyos; la lealtad de Baldomero y su servilismo; el pragmatismo de don Ignacio y su incapacidad de franquear las barreras sociales que le atenazan. El miedo a la libertad del que hablaba Erich Fromm.

Y Rosario. Quizás la verdadera protagonista de la novela, aunque eso tendríamos que discutirlo. El alfa y el omega de la historia, a pesar de que su presencia física, como el Kurtz de la fantástica novela de Joseph Conrad “El corazón de las tinieblas”, esté casi únicamente en el pensamiento del resto de los personajes.

Termino ya. Espero que leáis la novela los que aún no lo habéis hecho y me  contéis lo que os ha parecido, en el Rincón de los lectores que tenemos en la página web de la novela, www.aquelviernesdejulio.es Me gustaría conocer vuestra novela y seguir aprendiendo de vuestras aportaciones. Os animo a que sigáis la página de Facebook Aquel viernes de julio, y a los tuiteros a seguir a @viernesjulio.

Nada más por ahora. Creo que es vuestro turno en este momento, si tenéis alguna curiosidad, alguna pregunta que contestar. Prometo responder, siempre y cuando no me preguntéis por el final.

Muchas gracias por estar aquí.

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